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No persigas a la serpiente

8 sept
3 min de lectura

Imagina que estás caminando tranquilamente por un sendero.

No estás buscando problemas.

Simplemente estás avanzando.

De pronto, entre las ramas, aparece una serpiente.

No la viste venir.

Te muerde.

El dolor es inmediato.

Y ahora tienes una decisión que tomar.

Puedes sentarte, atender la herida, pedir ayuda y hacer todo lo necesario para recuperarte.

O puedes salir corriendo detrás de la serpiente.

No para atraparla.

Para preguntarle:

¿Por qué me mordiste?

Quieres saber qué hiciste mal.

Quieres entender sus motivos.

Quieres explicarle que tú no la provocaste.

Quieres demostrarle que no merecías ese ataque.

Y mientras corres detrás de ella...

la herida sigue abierta.


Parece absurdo.

Pero hacemos esto todo el tiempo.

Un cliente te dice que no.

Y durante días piensas:

"¿Qué hice mal?"

Un socio te traiciona.

Y pasas meses intentando entender:

"¿Cómo pudo hacerme esto?"

Una campaña fracasa.

Y tu equipo dedica más tiempo a buscar culpables que a entender qué aprendió el mercado.

Una oportunidad se escapa.

Y en lugar de preparar la siguiente...

sigues mirando hacia atrás.

Persiguiendo a la serpiente.


El lado B de los golpes

Hay una verdad incómoda que aprendí con los años:

No todo lo que te ocurre necesita una explicación para poder seguir adelante.

A veces sí necesitamos entender.

Los datos importan.

La autocrítica importa.

Analizar los errores importa.

Pero existe una frontera muy delgada entre aprender del pasado y vivir atrapado en él.

Y muchas veces cruzamos esa frontera sin darnos cuenta.

Porque explicar lo que ocurrió puede hacernos sentir que tenemos el control.

Pero entender perfectamente una situación no necesariamente la cambia.


En marketing ocurre todos los días.

Una campaña no funciona.

Podemos pasar horas diciendo:

"El algoritmo nos castigó."

"El cliente no entendió."

"La competencia bajó precios."

"El mercado está complicado."

Tal vez todo sea cierto.

Pero ninguna de esas respuestas paga la factura.

La pregunta poderosa es otra:

¿Qué hacemos diferente con lo que acabamos de aprender?

Ahí cambia todo.

Porque un profesional no necesita que el pasado le dé la razón.

Necesita que el pasado le dé criterio.


El fracaso tiene dos destinos

Una experiencia difícil puede convertirse en una cicatriz...

o en una brújula.

La diferencia está en lo que haces después.

Puedes utilizarla para alimentar resentimiento:

"Nunca volveré a confiar."

"Los clientes son así."

"Los socios siempre terminan fallando."

"El mercado no reconoce el talento."

O puedes utilizarla para construir mejores decisiones:

"La próxima vez voy a preguntar antes."

"Voy a poner límites más claros."

"Voy a validar antes de invertir."

"Voy a escuchar al cliente antes de defender mi producto."

"Voy a elegir mejor a quién dejo entrar en mi negocio."

Eso es aprendizaje.

No significa negar el dolor.

Significa no desperdiciarlo.


Porque hay una pregunta que cambia la conversación

Después de un golpe, nuestra primera pregunta suele ser:

¿Por qué me pasó esto?

Pero quizá la pregunta más poderosa sea:

¿Qué puedo hacer con esto?

La primera te lleva al pasado.

La segunda te devuelve el futuro.

Y eso aplica para una empresa, una carrera profesional, una marca y también para la vida.


No persigas a la serpiente.

Si te mordió, atiende la herida.

Aprende dónde estaba.

Aprende a reconocerla la próxima vez.

Pero después...

sigue caminando.

Porque mientras tú estás intentando demostrarle a la serpiente que no merecías la mordida...

la vida ya está pasando frente a ti.

Y quizá, unos metros más adelante,

hay algo que estabas buscando desde hace mucho tiempo.

El Lado B del MKT no consiste en evitar todos los golpes.

Consiste en aprender a convertirlos en criterio.

Porque al final,


no puedes controlar todas las serpientes que aparecen en el camino.Pero sí puedes decidir cuánto tiempo vas a perseguirlas.


Gastón Padilla W.

Marketing | Negocios | Estrategia | El lado B de las decisiones.

@gastonpadillaw

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